Las competencias más críticas para un directivo corporativo de RRHH

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Nadie puede negar que los profesionales de Recursos Humanos tienen una gran responsabilidad para asegurar una eficaz contribución a sus organizaciones. Lejos de quedarse al margen de los cambios sociales y tecnológicos, una de sus funciones principales consiste en detectar cuáles son las necesidades de su empresa, cómo van evolucionando, y cómo evolucionan también las competencias de los trabajadores susceptibles de trabajar en la organización.

Las empresas valoran cada vez más el conocimiento, las aptitudes y las actitudes de sus empleados, y el trabajo ha dejado de ser algo mecánico para convertirse en una función más dinámica donde la resolución de problemas y la flexibilidad son claves.Estos factores convierten a los directores y responsables de recursos humanos en actores principales para incrementar la competitividad de las empresas. ¿Cómo? Obteniendo lo mejor de las personas, manteniendo a los empleados comprometidos con el proyecto de negocio y reteniendo el talento crítico en la organización.

Un profesional de Recursos Humanos no solo se encarga de la parte más visible como es contratar a las personas idóneas para cada puesto de trabajo, sino que su trabajo va más allá. De él también de pende la motivación, el salario emocional o la conciliación laboral en las empresas, al mismo tiempo que deben potenciar la comunicación y el entendimiento entre la empresa y sus trabajadores.

Para desarrollar todas estas funciones de manera efectiva, hay determinadas competencias o capacidades que todo directivo de este ámbito debe poseer, o como mínimo, trabajar en ellas para adquirirlas. En este artículo exponemos las más esenciales.

1. Capacidad de integración: Un responsable de Recursos Humanos ha de ser capaz de integrar y homogeneizar los procesos y las mejores prácticas a lo largo de toda la compañía, y en algunos casos, incluso en diferentes regiones. La integración de nuevas prácticas no siempre son responsabilidad de una única persona, sino que también pueden ser el resultado de la colaboración entre diferentes departamentos corporativos y locales. Para ello, el conocimiento del negocio, de la compañía y de sus objetivos a corto y largo plazo se hacen imprescindibles. Sólo manejando esta información se podrán integrar los mejores cambios y el mejor talento.

2. Capacidad de influencia e inspiración: Esta competencia está relacionada con conseguir motivar al equipo humano de la empresa. Se trata de inspirar a las personas a que consigan sus objetivos concretos en la organización, y por tanto, saber influir en las personas de manera positiva para que la compañía camine en la dirección correcta. Hacer sentir a los empleados que su trabajo cumple un propósito y que su capacidad en la empresa es esencial es clave para conseguirlo.

3. Flexibilidad para trabajar con diferentes equipos: Al tener que coordinar a equipos de diferentes departamentos, e incluso de diferentes culturas, ha de tratarse de una persona flexible y con facilidad para desenvolverse con diferentes equipos de personas. Han de ser flexibles para adaptar su visión al entorno y a los cambios, así como a las posibles interpretaciones de la realidad.

4. Comunicador de confianza: Una de sus misiones es ser el abanderado de los valores corporativos y transmitirlos de manera efectiva y confiada. Un directivo corporativo de RRHH debe ser capaz de comunicarse con todo tipo de grupos y culturas de manera clara y consistente, y ser ejemplo de fiabilidad para el resto de departamentos de la organización.

5. Líder del cambio: El director de RRHH es también el responsable final de la capacidad de una empresa para el cambio. Debe trabajar en tres ámbitos distintos. El primero es el cambio institucional (cambio de modelos y procesos), el segundo la iniciativa (provocando que las cosas cambien) y por último, en el cambio individual de cada trabajador. Además, y aunque no sea una competencia suya exclusivamente, un responsable de RRHH también debe encargarse de defender la tecnología y la innovación, y su implantación en las organizaciones con el fin de optimizar los procesos internos. Los nuevos retos para las empresas actuales, requieren también de nuevas herramientas, y estas cada vez pasan más por la tecnología y la innovación.

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